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En 1905 Giuseppe Jellico y su esposa Maria empezaron la
construcción del Hotel Belvedere. Fue Maria a elegir el
lugar, un sitio perfecto para gustarse el panorama maravilloso
de los Dolomites, donde el sol siempre brilla y nunca parece
ponerse.
Desde entonces la familia Jellico dirige el Hotel
Belvedere, donde todavía brilla el mismo sol.
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